domingo, 2 de enero de 2011

(Página/12) Entrevista a María Rachid: "No siento que haya límites"

“No siento que haya límites”
Por Soledad Vallejos
Fue la artífice del matrimonio igualitario. Ahora es la vice del Inadi. Aquí explica cómo replicar la estrategia que llevó a esa ley para combatir otras situaciones de discriminación.

“Espero no llorar, como siempre”, dijo la activista María Rachid hace unos días, cuando asumió como vicepresidenta del Inadi. Ante ella estaban, como otras veces, los rostros de las distintas militancias sociales: la diversidad, pero también de migrantes, personas que viven con VIH, pueblos indígenas, veteranos de Malvinas, afrodescendientes. La diferencia era el contexto, un salón del Ministerio de Justicia en el que asumió su nuevo cargo, al filo del año en que su rostro se volvió familiar en los medios de la mano del debate por el matrimonio igualitario.
Horas antes de asumir, contaba que sentía como “una responsabilidad muy grande” llegar al Estado desde el lugar de la militancia social. Que lo que estaba por pasar implicaría otra exigencia. El mismo año en que se amplió el concepto de matrimonio civil a fuerza de debates inéditos, quien dejó la presidencia de la Federación Argentina LGBT pasó a convertirse en funcionaria. El salto es grande, aceptó Rachid, mientras, en diálogo con esta cronista, hacía un balance de lo que significó el 2010. “Cuando pertenecés al Estado, no hay lugar para el ‘no puedo’, o ‘no pude hacer’. El Estado tiene que resolver los problemas de la gente. Y vos tenés una responsabilidad.”
–Pero tengo la tranquilidad de contar con el respaldo, por un lado, de la sociedad civil. La Federación es la organización más representativa de la diversidad sexual porque tiene más de 40, 50 casi organizaciones en todo el país, es realmente federal. Y respalda absolutamente este lugar que voy a ocupar. Y en el Inadi, en este tiempo, he venido trabajando con distintos movimientos sociales, y siento también su respaldo. Compartimos, además de algunas formas de ver y hacer las cosas, un proyecto de Inadi.
–¿Qué quiere decir?
–Creo mucho en la militancia y creo que las organizaciones sociales de la militancia social son las que deben marcar el rumbo de las políticas públicas del Estado. Quizá no todo el mundo piensa de esa manera. Yo estoy convencida de que quienes saben cómo deben ser las políticas públicas para revertir una situación de discriminación son las organizaciones que hace años están trabajando desde la sociedad civil. No hay técnicos que sepan más.
–¿No sólo por la primera persona sino también por la reflexión que hacen sobre esa experiencia?
–Por la experiencia y por la construcción colectiva acerca de un problema y los modos de resolverlo. Eso es lo que tiene la sociedad civil. Por supuesto que los técnicos pueden colaborar, ayudar, contribuir, pero si la militancia de la sociedad civil no tiene una construcción colectiva acerca de cuál es el problema y cómo revertirlo, no hay forma. Por eso me parece importante ese respaldo, siento que las organizaciones están acompañando esa designación. Espero que la tomen como propia y utilicen este espacio para activar en conjunto. Después de lo que pasó con el matrimonio igualitario, no siento que haya límites.
–¿Y si hubiera?
–¡No lo soportaría! (Risas.) Pero no creo que haya. Recién tuve una reunión en el Ministerio de Educación. Fuimos con Esteban Paulón (el actual presidente de la Falgbt), porque están trabajando contenidos de educación sexual para escuelas, docentes y padres. Los contenidos incluyen la diversidad sexual, por supuesto. Ese fue uno de los objetivos que nosotros, como organización nacional, nos habíamos puesto. Y hoy me mostraban los materiales y se me ponía la piel de gallina. Me emocionó verlo. Eso también es porque adentro de ese ministerio están los militantes que durante muchos años reclamaron estar ahí. Y no es casual. En este momento, las reivindicaciones históricas de los movimientos están siendo políticas públicas.
–En el último año, a raíz del debate sobre matrimonio, también emergieron otras figuras nuevas y empezaron a proyectarse a la política.
–Es que en la política empiezan a circular otros temas. La diversidad sexual antes no era un tema en política... en realidad, ninguno de los temas de la diversidad. Y ahora habla de matrimonio igualitario la mayoría de los referentes políticos. Incluyen matrimonio igualitario entre las conquistas del año, incluso en diferentes sectores.
–Usted en particular fue elegida una de las cien personalidades del 2010 por el diario español El País, junto con el juez Ricardo Lorenzetti y el escritor Ricardo Piglia.
–... y me enteré cuando ya estaba publicado. Un activista de la Federación, de San Juan, me llamó el mismo domingo para avisarme. Leí la nota en una web de San Juan, no encontraba el link para verlo en el diario ni conseguía la revista... Pero que pasara eso ni se me hubiera cruzado por la cabeza. Claro que un diario argentino que dio la noticia mencionó sólo a Lorenzetti y Piglia, y se olvidó de mencionarme a mí.
–A nivel de opinión pública, los debates sobre derechos civiles de este año permitieron una sensibilización sobre los prejuicios y la necesidad de reflexionar. ¿Cree posible capitalizarla y llevarla al ejercicio en otros debates?
–Desde ya. Creo que hubo algo de la fórmula en que planteamos el tema que podemos usar para todos los temas de discriminación. No digo que sea automático: no toda la gente sensibilizada por discriminación sexual quedó sensibilizada en cuanto a la discriminación en general. Fue muy claro cuando se debatió el tema de la xenofobia. Los mismos que, desde la Mesa Nacional por la Igualdad, habíamos hablado de lo otro, planteamos la xenofobia y encontramos mucha resistencia.
–¿Con qué argumentos se toparon?
–El argumento de la xenofobia, directamente: que se vuelvan a su país, que un país no puede proveer todos los recursos para todas las personas, nos sacan lo nuestro, son de tal o cual manera. Incluso diciendo “te sigo a muerte pero con este tema no sé si pienso lo mismo que vos”.
–¿Cómo se puede operar sobre eso?
–Creo que haciendo lo que hicimos en matrimonio: pensando que el que reproduce ese discurso xenofóbico lo hace porque es lo que aprendió. Y no necesariamente es el enemigo. Entre quienes estaban en contra del matrimonio igualitario había dos sectores: la mayoría de los que estaban en contra lo estaban por prejuicio. Por desinformación, por desconocimiento: sólo prejuicios. Y otro sector, más chiquito, que tenía un motivo ideológico: esto quiere decir que estaban defendiendo sus privilegios. Clarísimo. En el discurso defendían sus privilegios: matrimonio es, para nosotros, papá y mamá. Cuando uno entiende los derechos como privilegios, eso es ideológico y no hay mucho para debatir. Es importante que en los debates podamos hacer esta diferenciación. Si no, tratamos como enemigo al que en realidad está desinformado, por su educación, su historia, su contexto. Muchas veces es alguien que sólo accedió a un discurso cargado de estigmas, de mentiras. Entonces toda aparición debía ser oportunidad para acercar información a esa gente. Hay que explicar. Si vos reaccionás mal, generás una resistencia que hace que seguramente esa persona ya no vaya a cambiar de opinión. Hay que informar, convencer, acercar información. Esa es la forma.
–La xenofobia quedó en el aire.
–Por eso hay que trabajarlo mucho, muchísimo ese tema. Hay que hacer mucho trabajo cultural y de educación, hay mucho prejuicio naturalizado que hay que ir desarmando.

Ese mundo alrededor
Al finalizar el año en que su rostro se volvió reconocible para ciudadanas y ciudadanos de a pie, a Rachid no parece inquietarle demasiado la atención pública. “Me encanta que la gente se acerque, me salude, me diga cosas lindas”, explica, aunque en ocasiones pueda resultar tensionante “sentir que te están mirando, aunque no se acerquen a decir nada”. Ha tenido suerte, reconoce, porque no ha dado con detractores o personas poco simpáticas por ahí. Lo mejor son las cartitas.
–El otro día en un shopping, no digamos cuál para no comprometer a nadie, estaba hablando con alguien y se acerca un señor de seguridad, me agarra la mano, me pone un papel y se va. Un señor grande. Cuando volví a mirar se había ido. El papel decía “gracias por la ley, me cambió la vida”. O una señora, en un bar de la otra cuadra, que se me sentó a la mesa de repente, yo estaba sola, se sentó y me dijo: “Yo no estaba de acuerdo con el matrimonio. Pero los escuché tanto, tanto. Escuché tanta información... ahora los felicito”. ¡Y se fue!
–¿La relación con su padre se modificó a partir de todo esto?
–No. A mi papá, que es con quien no me hablo, le deben estar pasando cosas. El reconocimiento público que tengo ahora es, precisamente, el mismo motivo que llevó a que tengamos ya diez años sin hablarnos. Es una contradicción fuerte. Creo que hace 10, 15 años, en el ámbito de la política al que pertenecía él entonces, éste era un tema lleno de prejuicios.
–Era otro país en relación con la diversidad y la opinión pública.
–Sí. El otro día me pasó algo muy gracioso: me encontré con Jorge Rachid. A mí siempre mucha gente me decía “¿vos sos hija de Jorge Rachid?”. Y yo siempre pensé “bueno, debe haber dos almas en pena por mi activismo: una es mi papá de verdad –que no es Jorge Rachid–, que me consta que es un alma en pena por ese tema, y otra este Jorge Rachid, con el que no tengo vínculo de parentesco. Hace 10, 15 años yo te digo que la mayoría de los políticos hubiera sufrido el posible vínculo. Pero ese día Rachid me dijo: “siempre me preguntan si sos mi hija, y te quiero decir que para mí, para mi señora y para mis hijos es un orgullo tener el mismo apellido que vos”.

(Tiempo Argentino) Entrevista a Aníbal Fernandez: "Algunos medios mienten para que parezca que todo está mal"

“Algunos medios mienten para que parezca que todo está mal”
Publicado el 2 de Enero de 2011
Por Gustavo Cirelli y Andrea Recúpero
El jefe de Gabinete afirma que 2010 fue un año brillante para la gestión del gobierno. Descalifica las versiones que señalan que está enfrentado con Garré y define que Duhalde está cumpliendo el papel que le asignó Magnetto. Su recuerdo de Kirchner.

El despacho del jefe de Gabinete es amplio, ordenado, y a la vista, libre de papeles. Minimalista. La belleza del estuco, el impecable parquet y la luz natural que entra por las ventanas que dan al río contrastan con el muro ultra moderno revestido de televisores –sintonizados en distintos canales– con los que Aníbal Fernández se mantiene hiperinformado. El jefe de ministros de Cristina Fernández de Kirchner se define como un workaholic. Y así parece. Su día arranca a las cinco en Quilmes, y una hora y media más tarde ya está en el despacho de la Casa Rosada. Su jornada terminará entrada la noche.
Hoy, 2 de enero de 2011, Fernández cumple nueve años como funcionario de primera línea en el Poder Ejecutivo. Asumió en 2002 como secretario general de la presidencia con Eduardo Duhalde. Continuó con Néstor Kirchner y sigue junto a Cristina.
Sobre su escritorio sólo hay una computadora portátil. Nada más. Durante la entrevista, atiende el celular un par de veces y responde de vez en cuando a los que lo reclaman desde el chat. Cibernauta, fanático de las redes sociales, usa Twitter para decir lo que quiere. Sabe cómo emplear esas herramientas. Se lo ve relajado y responde todo. El dolor que le causó la muerte de Néstor Kirchner, el crimen del joven militante del PO, Mariano Ferreyra, la crisis en el Parque Indoamericano, los incidentes en Constitución y el papel del CEO de Clarín, Héctor Magnetto, en esos hechos. Fernández reconoce haber sido hombre del duhaldismo, y por eso mismo, asegura, sospecha que Eduardo Duhalde haya agitado desde las sombras los hechos violentos con los que se buscó arrastrar al país a un clima de inestabilidad, tras la muerte del ex presidente. Pero antes no duda en definir a 2010 como “un año brillante” para la gestión de gobierno. Y agrega: “Hace poco hizo un estudio Mario Brodersohn, un viejo dirigente radical y reconocido economista –no acertando mucho y tratando de fustigar siempre al gobierno por peronista– en el que dice que en los últimos 80 años (no recuerdo cuál es el rango que toma), los tres mejores años fueron 1948, 1973 y 2008. “No porque ustedes sean buenos, sino porque Dios es argentino y además es peronista y tuvieron suerte”, dijo. Y más allá de las estupideces que diga Clarín, este fue un muy buen año. En 2009, impactó de lleno la crisis de Lehman Brothers. Esa crisis, en una Argentina endeble, hubiera impactado 20 veces peor, pero agarra una Argentina bien parada, sin deuda con el FMI, prácticamente sin deuda con el resto del mundo, sacando al Club de París y lo que faltaba resolver en términos del Canje.”
–Acaba de apuntar de entrada contra Clarín. ¿Cree, como declaró alguna vez, que algunos medios no reflejan la realidad?
–No, algunos medios mienten aviesamente para que parezca que todo está mal. Nosotros presentamos el Presupuesto como lo dispone la Ley de Administración Financiera. Sin embargo hoy –jueves 30 de diciembre– lo escuchaba a Adrián Ventura, que me da un poquito de vergüenza, porque dijo, hablando como si fuera la presidenta: “No quisieron tocar un solo número, así que yo hago mi Presupuesto porque soy la que tiene que gobernar.” La presidenta hace su Presupuesto, es la que tiene que gobernar, demostró que todo lo que dijo hasta este momento fue resultando como lo dijo, todo lo que presentó, exhibió y desarrolló para poder llevar a la práctica. Pero lo quieren corregir según piensan ellos. Para eso que gobiernen. De toda la democracia, es el primer gobierno al que le niegan el Presupuesto. Toda esta discusión absurda es la que planteó este muchacho Ventura, pero no le bastó con eso y dijo: “la sesión después tildada de las coimas”… ¿Qué coimas? Resulta que todo ese verso lo arma para TN, para la inmundicia de Magnetto, para sus alcahuetes, y después vendérselo a la sociedad para que se intoxique con lo que ellos inventaron. Cuentan la historia que inventaron, que sólo tiene el objetivo de lesionar al gobierno, pero la sociedad no es estúpida.
–¿Qué análisis hace del último mes en el que se intentó instalar un escenario de conflictividad social?
–El objetivo fue que el año termine convulsionado. E intentaron que termine el año convulsionándolo. Y no lo consiguieron. Porque prepararon lo del Indoamericano, motivados por debajo de la mejor manera que pudieron, y no lo consiguieron porque primó la seriedad sobre este conflicto, que va a tener que resolver la justicia por los muertos, que no minimizamos porque en la administración pública nos acostumbramos a todo menos a las muertes. Los responsables van a pagar por lo que hicieron. Y lo otro –que quisieron ponerlo en una situación de explosión con las 7000 personas dentro del Parque– lo resolvimos como debíamos hacerlo, hablando. Y hablando se fue la gente, con la propuesta de seguir hablando para transformar la realidad que cuestiona esta gente que vive en situación indigna. Después trataron de hacerlo con el Club Albariño, que no era ni club ni Albariño porque no había nada, sólo una cancha de fútbol que no tenía arcos, una cosa inexistente. Y te querían hacer creer que era el fin de la Segunda Guerra Mundial. Y también se solucionó hablando, sin palos ni violencia.
–Respecto al Indoamericano, ¿el gobierno nacional no demoró en dar una solución a esa crisis?
–No, porque no es su jurisdicción. Somos convidados de piedra. No podemos salir a tontas y locas cada vez que hay un conflicto en Ciudad o en provincia. Debe resolverlo su gobierno. Cuando las cosas se pusieron cada vez más duras la propia gente nos pidió que hagamos de puente para hablar con el gobierno de la Ciudad. La presidenta lo decidió: citamos a Guillermo Montenegro y a (Horacio) Rodríguez Larreta, nos sentamos a hablar con Macri. La primera parte de la conversación fue una catástrofe porque Macri dijo: “Quiero que me den las fuerzas para sacar a esta gente de este lugar por la fuerza”. “Ni en pedo, no lo sueñes”, le dijimos. Así fue. Discutimos, hablamos, le marcábamos lo que nosotros sosteníamos, y ellos afirmaban que no iban a tener ningún gesto porque eso implicaría dar muestras de debilidad, y así hasta las cuatro de la mañana.
–¿Macri planteó seriamente que quería reprimir?
–Totalmente convencido lo decía. Y lo dijo públicamente: “denme a mí las fuerzas y yo me encargo de sacar a esa gente de ahí en estos términos”. Esa noche quedó claro que se discutía sobre dos modelos de país, que siguen existiendo. Él sigue viviendo en uno. Nosotros no concebimos ni sangre, ni muertos, ni heridos. Del Indoamericano, se iban a ir. Días más o días menos, se iban a ir. Si uno tiene la decisión firme de que ese es un lugar público, porque llamarle “parque” es casi una falta de respeto porque es un baldío lleno de mugre, yuyos, sin vereda, ni juegos, ni luces, ni nada. De todas maneras, nosotros no estamos de acuerdo con la toma de ningún espacio público, ni privado, sin duda.
–¿Usted no cree que Macri buscó toda esta cuestión para antagonizar con Cristina con este discurso de mano dura y posicionarse como candidato?
–Es muy probable, con la intención de sacar rédito político, dirigiéndose a un público que quiera escuchar lo que él dice. Lo que pasa es que el gobierno no tiene ninguna intención de conquistar a ese público. Nuestra presidenta no piensa de esa manera, tiene muy en claro que hay otras maneras de solucionar estas situaciones, y que no vamos a llegar a una confrontación para volver a tener más muertos.
–Durante el último mes, se apreció con claridad que hubo un intento por reinstalar una sensación –al menos desde lo simbólico y con ciertos medios jugando un rol central en eso– de que el país entraba nuevamente en una crisis. Pero más allá de las intencionalidades, faltó plata en los cajeros, escaseó la nafta…
–Vamos por el principio. La falta de guita puede ser una falta de previsión del Banco Central, y se soluciona, está resuelto. ¿La nafta? No hubo problemas con la nafta. La gente decía: “fui a cargar nafta y no había”. Es verdad, pero cuando se monta una operación como la que montaron Clarín y La Nación y TN, que repiten “no hay nafta”, la gente sale desesperada y llena el tanque, y se rompe la lógica de una logística que no está preparada para eso. Ojalá la gente comprenda esto y cargue nafta cuando la necesita, no por llenar el tanque.
–Por lo que dice, la capacidad de daño, de intoxicación que tienen algunos medios, aún es muy fuerte.
–La capacidad y vocación de intoxicar es muy fuerte aún. Nosotros no creemos en el mismo país que ellos quieren. Cuando discutimos la Ley de Medios, cuando discutimos las acciones que ellos llevan a la práctica con su manera de comunicar, no discutimos algo que nos beneficie a nosotros para que hablen bien del gobierno. Hablamos de lo que le sirva a la sociedad. Quieren un medio de centro, de centro izquierda, que cobije y relate y exhiba las expresiones que nosotros tenemos por adelante. Que haya medios de otro color que le permitan a otros sectores exhibir sus expresiones, y que la sociedad saque sus conclusiones. Ellos van por su negocio. Van por su negocio. No están discutiendo por otra cosa.
–Con respecto a los incidentes en la Estación Constitución, ¿al gobierno no le faltó previsión ante esa situación?
–Teníamos datos de que podía pasar algo en Constitución, pero de otro tipo. Y actuamos, y lo evitamos. Pero ese día se cortan las vías en Avellaneda, se le dio parte como en todos los casos a la justicia y el juez, con muy buen criterio, decide comenzar las negociaciones. Se estaba negociando en el Ministerio de Trabajo, entonces esperamos el resultado de esas negociaciones para no tener que sacarlos por la fuerza.
–Pero pasaron muchas horas…
–Pero había que esperar el resultado de las negociaciones. ¿Cuándo comienza la refriega? Inmediatamente después que se trunca la negociación, porque pedían algo sin sentido. ¿Qué tendríamos que haber hecho? Dejarlo para mañana, y empezar de nuevo a ver cómo arreglamos esta situación. En el momento en que se cortan las negociaciones, empiezan los desmanes en Constitución, en hora pico, cuando se mueven entre 60 y 70 mil personas por hora, por lo que como mínimo tendrían que haber tenido 60 mil personas movilizándose, y había 200 personas. Y hay testimonios que dicen que fueron pagadas para ir a provocar los desmanes. Si el tren o colectivo que te lleva a tu casa no sale, ¿vas y te afanás un par de zapatillas? No. Es lo que pasó. Está filmado. El objetivo era dar ese tipo de pelea. Estaba pensado para eso. No era un problema de viaje. La Secretaría de Transporte había multiplicado la rutina para que pudieras viajar, con más colectivos. El humor no era bueno, es obvio, pero eran 250 personas armando quilombo. Y se las dispersó con el agua, y se identificó a los que se pudo.
–¿Quiénes fueron los responsables políticos de lo que pasó?
–Nosotros por ahora estamos muy preocupados, porque vimos dirigentes conocidos que son los que estaban a la cabeza, que presagiaban desde los EE UU muchas cosas que terminan siendo profecías autocumplidas, muchas veces motivadas por gente cercana a ellos.
–¿Habla de Duhalde?
–Sí, de Duhalde.
–¿Duhalde tiene capacidad para montar este tipo de situaciones?
–Capacidad tiene cualquier dirigente que conozca cómo se manejan estas cosas. La tiene, sin duda. Vengo de ese riñón, y lo digo no con poco dolor. He puesto la cara por Duhalde muchas veces, con costos y todo, pero no comparto esas acciones. Lo malo es que muchas veces, con esas acciones muchas veces desestabilizantes, se llevan puesto un país y no les importa nada. Y no estoy dispuesto a callarme la boca. ¿Entonces qué es? ¿La sobreactuación del converso? No. Yo estoy muy convencido de lo que hago. Cuando creo que lo que están haciendo es una catástrofe, lo digo con todas las letras. Esto es un gestito que le han dado a determinados sectores para que vayan a pudrir la cosa. Pasa que en este caso, están fuera del marco. No tienen la seguridad que sí les ofreció el año 2001.
–Por lo que dice, ¿se puede interpretar que en 2001 Duhalde estuvo detrás de la desestabilización a De la Rúa?
–Lo dijiste vos.
–Se deduce de lo que dice usted.
–Lo dijiste vos. Yo era ministro de Trabajo de Ruckauf en ese momento, e hice mucho para que eso no sucediera. Pero te cuento un dato: cuando pusimos negro sobre blanco, para aclarar bien las cosas, él dijo tratando de defenderse: “nosotros no incentivamos la violencia”. Y sí, la incentivaron.
–¿Cómo?
–Con sus expresiones, cuando repite cada siete años que tiene que estar reformando un gobierno. ¿Qué gobierno viene a reformar? ¿Qué viene a resolver? Que no mienta. A un gobierno que estableció la Asignación Universal por Hijo, que tiene 2 millones y medio más de jubilados, con un 9% de crecimiento, que bajó la pobreza a menos de un dígito. Lo que viene a hacer es hacer pedazos al gobierno para lograr ventajas electorales.
–¿Cuál es el modelo que propone Duhalde? ¿Qué representa?
–Creo que no es Duhalde la cabeza. La cabeza es Magnetto, que es quien conduce esta propuesta política. Y Magnetto le asigna un papel a Duhalde, que es el que está cumpliendo en este caso.
–¿Para usted el principal opositor es Magnetto?
–No es el principal opositor. Es alguien que toda la vida manejó el poder real, y con ese poder real condicionó a todos los gobiernos y presidentes durante mucho tiempo, mientras a la vez crecían como monopolio. ¿Cómo? A tapazos. El famoso apotegma de que con cinco tapas volteaban un gobierno. Hacías lo que te decían y quedabas en la Historia como un buen presidente, si no la cosa se te complicaba.
–Después de lo que pasó en Constitución, habló del Partido Obrero duhaldista…
–Y, porque el PO, de formación trotskista, con otros grupos trotskistas, han funcionado y actuado en varias situaciones en forma funcional a Duhalde.
–Aníbal, ¿no le está dando al PO una capacidad de acción y una entidad que no tiene?
–No tengo interés en quitarle ni darle entidad al PO. No es la primera vez que sucede, ante una negociación que se trunca, y en Plaza Constitución. Ya van varias en que actúan de la misma manera.
–Entonces, usted cree que el PO y Duhalde tienen conexiones…
–No sé. Lo que sí puedo decir es que la actitud del PO cada vez que actúa de esta manera le es funcional a Duhalde.
–Tras el conflicto del Indoamericano, la presidenta designó a Nilda Garré como ministra de Seguridad, lo que algunos analistas interpretaron como un recorte a su poder dentro del gobierno.
–No le asigno ningún valor. Cuando asumo el 8 de julio de 2009, asumo como jefe de Gabinete de Ministros, con lo cual el responsable de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos pasa a ser Julio Alak. Le dije a la presidenta, de buena fe, que colaboraría en todo lo que necesitara, y fue lo que hice. ¿Quiénes son los que se estuvieron yendo ahí por decisión de la presidenta de la Nación? El jefe y subjefe de la Policía Federal, que gozaban de toda mi confianza, y designó a un jefe y subjefe que también gozan de mi confianza, con lo cual no veo el cambio. Yo no siento que a mí me hayan sacado nada. Del secretario de Justicia que se fue yo tenía una visión absolutamente crítica de su función. Pero doy un ejemplo: vengo trabajando por la diversidad sexual desde 2005, acaba de asumir María Rachid, ¿por qué no me la cargan a mi cuenta también?
–Pero no puede desconocer que se dijo que la presidenta estaba enojada con usted y con Alak.
–La presidenta no se enoja con los ministros. Eso es una estupidez de jardín de infantes. Uno se puede enojar con sus pares. La presidenta, cuando ve que un ministro no funciona, le pide la renuncia. La presidenta no se enoja. Yo manejo cosas muy sensibles, muy complicadas, todos los días, varias por día, como para que la presidenta esté enojada.
–¿Cómo es su relación con Garré?
–La relación entre los ministros no es buena ni mala. Una cosa es lo personal y otra cosa lo político. Eso sí es lo que me preocupa. Puedo tener buenas o malas relaciones con otros ministros, pero lo que me preocupa es cómo se actúa políticamente. No sé si tengo buena o mala relación con Nilda. Lo que sí sé es que cada vez que le he pedido algo como ministra de Defensa, me lo ha dado de la forma en que se lo pedí, y cuando me ha pedido algo se lo di en la forma en que ella lo pidió. Nunca sentí que ninguno le haya metido palos en la rueda al otro para que no pueda trabajar.
–Hizo un balance positivo de 2010. ¿Qué ve de negativo?
–No hablo de las cosas negativas.
–Hace nueve años que es funcionario de primera línea, ¿no siente el desgaste de la gestión?
–No. Amo lo que hago. Todo depende de lo que uno quiera hacer en su vida. Si alguien toma esto para resolver su vida personal, está frito. Si se lo hace como una ambición personal desde la vocación de servicios, qué mejor posibilidad que la que tengo. También hay otro tipo de sacrificios: no tomo alcohol, no consumo drogas, no salgo de noche, no fumo, me cuido con las grasas. Todo este tipo de cuidados van en desmedro de tu vida personal también. A mi familia le dedico poco tiempo, pero yo soy así. Cuando ya no tenga ganas de levantarme a las cinco de la mañana como me levanto y venir a trabajar acá a las 6:30 habrá llegado el momento de decirle a la presidenta: “gracias por todo, hasta acá llego, presento mi renuncia”, y me voy a mi casa.

Publicado en Tiempo Argentino el 02/01/2011 - vía Anibal Fernandez blog